A través de tres subsecciones (religión, Cleopatra y el Nilo) presentamos algunos elementos, realidades o personajes de la cultura egipcia que son conocidos por todos y que forman parte de nuestro imaginario sobre Egipto. Si un aspecto de la religión egipcia ha despertado fascinación, este es sin duda el de las creencias sobre el más allá. Tras la muerte, el alma del fallecido iniciaba un peligroso periplo destinado a alcanzar su «supervivencia». La preocupación por el alma del difunto tras la muerte se refleja en los monumentales complejos fúnebres que los monarcas se hicieron construir, entre los que destacan las pirámides, o en los minuciosos procesos no solo de preservación de los cadáveres -la momificación-, sino de instalación y conservación. La reina Cleopatra es, sin...

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Aristóteles y el Nilo

Título: De inundatione Nili
Autor(es): Aristóteles
Fecha: Entre 1301 y 1325
Signatura: Ms. 2256
Formato(s): Manuscrito
Tema(s): Egipto
También en esta exposición: Las maravillas de Egipto

Esta breve obra, cuya autenticidad ha sido discutida, se ha considerado un resumen en latín de un posible tratado de Aristóteles (384–322 a. C.) cuyo original griego no se ha conservado. Tampoco conocemos el nombre del traductor, que algunos identifican con Bartolomé de Messina y otros con William de Moerbeke.

El Nilo anualmente experimentaba una crecida en verano que garantizaba agua y suelo fértil a un terreno que si no sería desértico; por tanto, constituía un elemento de importancia esencial para la subsistencia y la estabilidad económica y política de Egipto. Su longitud (recordemos que se trata del segundo río más largo del mundo), el hecho de que las crecidas tuvieran lugar en verano y el misterio de la localización de su nacimiento fueron factores que atrajeron un interés considerable en los autores griegos de la Antigüedad, como prueba el espacio que Heródoto le dedica en su libro sobre Egipto. Ya Tales de Mileto propuso una teoría sobre los vientos etesios, que, soplando desde el Egeo hacia el Valle del Nilo en la época del solsticio de verano, en contra de la corriente de las aguas del río, retenía estas en su cauce y provocaba las inundaciones. Esta tesis tuvo bastante aceptación y se combinó con otras, como la acumulación de arena en las desembocaduras, las abundantes lluvias producidas en la zona de Etiopía, o el deshielo de la nieve caída en las montañas etíopes. El interés se conservó entre los romanos: Lucrecio (Sobre la naturaleza 6. 712-736) recoge algunas de estas posibles causas; Séneca la aborda en el libro 4A de su obra Cuestiones Naturales y Lucano le dedicó parte de su digresión sobre el río en la Farsalia 10, 210-267.

Este tratado atribuido a Aristóteles fue uno de los más influyentes. El autor comienza preguntándose por qué el Nilo provoca inundaciones todos los años en verano, repasa las teorías que se han formulado hasta la fecha, partiendo precisamente de Tales de Mileto, y propone la suya: las fuertes lluvias producidas en Etiopía en esa temporada, una solución próxima a la real –las lluvias monzónicas que caen sobre el macizo etíope entre mayo y agosto–. El filósofo había tratado el tema también en su tratado Meteorologica.

La página expuesta es la del comienzo de la obrita. El manuscrito en el que se incluye data de principios del siglo XIV; consta de dos partes: en la primera se copian la Física y los llamados Tratados breves de historia natural (Parva naturalia), algunos de los cuales son atribuidos al autor griego; en la segunda parte, la Metafísica. Está escrito en gótica libraría y abundantemente decorado. La capital que da inicio al texto incluye motivos vegetales, el dibujo de un animal mitológico y un perro en el rasgo inferior de la letra.