Exposición sobre la visión de Egipto a través de la historia, antes del desciframiento de los jeroglíficos

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El ibis

Título: Hieroglyphica siue De sacris Aegyptiorum literis co[m]mentarij
Fecha: 1556
Editorial / Editor: Basileae: apud Mich. Isingrinium
Signatura: BG/39299
Formato(s): Libro o monografía
Tema(s): Egipto

Pierio Valeriano (1477-1558), nacido Giovanni Pietro dalle Fosse, a pesar de las grandes dificultades económicas de su familia, pudo seguir estudios primero en Venecia con su tío Urbano Dalle Fosse, ilustre helenista que había viajado por el mundo y había visitado Egipto, y luego en Padua. Se trasladó a Roma donde emprendió una brillante carrera favorecido primero por el papa Julio II y después por León X, en cuyo papado asumió distintos cargos, entre otros, secretario de Julio de Médicis. A lo largo de su vida residió, además de en Roma, en varios lugares de Italia: en Nápoles, en su Belluno natal, en Florencia, donde ejerció como profesor privado de Alejandro e Hipólito de Médicis y vivió hasta que esta familia fue expulsada de la ciudad. 

Fue autor de varias obras, entre ellas el tratado De Infelicitate Literatorum y de poemas en latín.

Durante una época en la que volvió a Belluno, en 1537, emprendió la redacción de su obra más extensa, Hieroglyphica, sive De sacris Aegyptiorum, publicada en Basilea en 1556, una gran enciclopedia que compila el saber humanístico sobre los jeroglíficos egipcios, fruto de la egiptomanía de la época de León X e inspirada por el interés que los Hieroglyphica de Horápolo (n.º 8) (publicados en Venecia por Aldo en 1505) habían despertado en los círculos neoplatónicos.

Para Valeriano los jeroglíficos responden a un simbolismo universal que se remonta a un lenguaje divino de signos codificados en la Creación, una concepción que conecta con la tradición clásica, cuyos autores describen los jeroglíficos egipcios como un sistema alegórico y no lingüístico de pictogramas desarrollados por los sacerdotes egipcios para preservar sus historias y doctrinas religiosas.

La obra, escrita en latín, comienza con una carta dedicatoria a Cosme de Médicis. Los cincuenta y ocho libros están distribuidos en dos partes, de las que la primera se centra en los animales y su significado figurado y la segunda en las plantas, armas, estrellas y otros objetos. En cada caso comienza explicando el sentido del animal, planta u objeto en el mundo egipcio; a continuación examina los objetos arqueológicos en los que aquel es reproducido (de hecho, encontramos aquí la primera referencia a la Mensa Isiaca) y finalmente recurre a los autores clásicos o a la Biblia. No se limita a las sugerencias de Horápolo sino que toda la naturaleza y objetos son susceptibles de ser interpretados simbólicamente..

El texto tuvo bastante repercusión y fue traducido al francés y al italiano, pero se dirigía a un público de eruditos, como demuestra que estuviera escrito en latín, y no atendía a las necesidades de otro sector, el de los artistas, que buscaban un manual claro y conciso que les ayudara a representar entidades abstractas. Para estos los Hieroglyphica eran poco útiles, pues partían del mundo natural sensible y, cuando en 1593 apareció la Iconología de Ripa, en italiano y tomando como punto de partida lo abstracto, la obra de Valeriano quedó arrinconada. 

La página que se expone corresponde al capítulo sobre el ibis en el libro XVII, ave sagrada para los egipcios y bajo cuya apariencia se representaba a Tot. Según el propio Valeriano, este animal solo puede vivir en Egipto y, por tanto, con frecuencia se usa precisamente para significar esta región. Pero el autor aporta otros posibles significados, basándose en monedas y en autores antiguos como Homero o Plutarco: puesto que el ibis estaba dedicado a Mercurio y este era el maestro del corazón y del discurso, también el ibis podía referirse al corazón; asimismo podía simbolizar la salud, puesto que algunos autores antiguos indicaban que con su pico curvo se limpiaba la cloaca y otros que protegían a los egipcios de las serpientes voladoras que llegaban de Arabia (en efecto, Plinio el Viejo menciona ambas características). Estos son tan solo algunos ejemplos de los posibles simbolismos del ibis propuestos por Valeriano.

Las viñetas de esta edición probablemente se realizaron con las planchas que habían servido para las ediciones anteriores, primero en Florencia y luego en la propia Basilea.