Exposición sobre la visión de Egipto a través de la historia, antes del desciframiento de los jeroglíficos

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Caylus y su Recueil d’antiquités

Título: Recueil d'antiquités egyptiennes, etrusques, grecques et romaines
Fecha: 1751-1767
Editorial / Editor: A Paris: chez Desaint & Saillant
Signatura: BG/30646
Formato(s): Libro o monografía
Tema(s): Egipto

Anne-Claude-Philippe de Tubières de Grimoard de Pestels de Levi de Caylus (1692-1765), más conocido como el Conde de Caylus, pertenecía a una ilustre y acaudalada familia. De joven viajó por Italia, Grecia, y Oriente Próximo y este viaje despertó en él su interés por las antigüedades. Destacó como grabador, mecenas artístico, literato y anticuario.

Como grabador obtuvo gran fama; este método -con todos sus defectos y limitaciones- era el único existente para dar a conocer las obras de arte. Gracias a su posición social, pudo reproducir piezas de las colecciones francesas más importantes del momento, las del acaudalado Pierre Crozat y las del Gabinete del Rey. Sus versiones de obras de Rubens, Van Dyck, Veronese, Watteau y otros le valieron gran éxito y la entrada en la Academia de Bellas Artes en 1732. 

Posteriormente fue admitido también en la Academia de Inscripciones y Bellas Letras; compuso cuentos de hadas y literatura libertina; también tradujo al francés, con gran éxito, una versión italiana de Tirant Lo Blanc, de Joanot Martorell.

Su labor como coleccionista es más trascendente. Su estrategia era comprar piezas cuya procedencia conocía y que formaban parte de colecciones prestigiosas; por ejemplo, en el caso de las obras egipcias, se nutrió de la colección de Benoît de Maillet. Recibió también regalos, pero sobre todo se hizo con una red de corresponsales que buscaban para él objetos en Italia y otros lugares. Pero la colección no era un fin en sí misma sino un medio para adquirir conocimiento: dio lugar a la elaboración de su Recueil d’antiquités égyptiennes, étrusques, grècques, romaines et gauloises (7 vols. –el último publicado póstumamente–, París, 1752-1764) en la que el propio conde grabó las reproducciones. Cada tomo estaba organizado de la misma manera: antigüedades egipcias, etruscas, griegas y romanas. A partir del tercero incluyó también antigüedades celtas: Las piezas eran cuidadosamente medidas, pesadas y descritas, proporcionando de ellas toda la información que poseía (procedencia, nombre del anterior propietario, lugar de descubrimiento, si lo sabía, estilo y calidad de la pieza, su uso, etc. 

Su trabajo es muestra de los procedimientos experimentales que surgen en su época. A diferencia de anticuarios anteriores se consagró a la historia de los monumentos más que al estudio de los textos, preludiando los métodos de los arqueólogos. Al asumir que todo objeto fabricado por manos humanas puede ser adscrito a una época y a un lugar precisos, enuncia la regla de la tipología arqueológica. Asimismo, asume el valor del conjunto: todo resto arqueológico, por muy insignificante que sea, es una pieza de un puzle cuya resolución es la clave de la interpretación arqueológica. 

A pesar de ser un producto del Siglo de las Luces por su espíritu crítico y pensamiento racional, su adhesión al orden establecido y su origen aristocrático le granjearon la enemistad de los enciclopedistas, que le tachaban de charlatán y le reprochaban su ignorancia del latín y el griego. 

Su figura cayó en el olvido sobre todo a partir de la publicación de la traducción francesa (1766) de la obra de Winckelmann, Geschichte der Kunst des Alterthums, que rechaza y sobrepasa su método, pero que mantiene con él una importante deuda. Solo hace unos pocos años se ha reivindicado su papel.

La lámina XIII (vol. 1) que se muestra reproduce una esfinge de bronce (I) y dos estatuillas de gatos (II y III), un ichneumon o rata egipcia (IV) y un animal imaginario (V). La descripción de la esfinge es la más extensa: consigna el material, la posible interpretación de la esfinge (la cabeza de muchacha y el cuerpo de león representarían los signos de Virgo y Leo, a través de los que el Sol pasa en la época de las inundaciones del Nilo), sus medidas, su propietario, el estado de conservación en el que llegó a él y cómo, al ponerlo al fuego, el vapor mató a los pájaros que había en la habitación; le llaman la atención las líneas escritas en sus flancos por estar más espaciadas de lo habitual y por eso las reproduce en la lámina siguiente en tamaño mayor.

La lámina XXVI (vol. 5) es el grabado de una banda de lino de una momia escrita en hierático. En su descripción Caylus da las medidas y supone que probablemente la tela fue sumergida en algún líquido, probablemente asfalto, para impedir el corrimiento de la tinta de la escritura. Asegura que su reproducción ha procurado ser lo más fiel posible al original, y aporta la información que el Abad Barthélemy le ha proporcionado sobre este tipo de escritura.