Exposición sobre la visión de Egipto a través de la historia, antes del desciframiento de los jeroglíficos

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El papiro

Título: De plantis Aegypti
Autor(es): Alpino, Prospero
Fecha: 1735
Editorial / Editor: Lugduni Batavorum : apud Gerardum Potuliet
Signatura: BG/37706
Formato(s): Libro o monografía
Tema(s): Egipto

Alpino Próspero (Marostica 1553 – Padua 1616) estudió medicina en Padua y como médico acompañó a Giorgio Emo, cónsul enviado a El Cairo por la República Veneciana, en su viaje a Egipto. Allí estuvo tres años, donde tuvo ocasión de estudiar directamente las especies autóctonas y sus propiedades médicas, y también de describir su morfología, lo que constituyó una aportación indudable a la botánica moderna. A su regreso siguió ejerciendo la medicina en Venecia y Génova contratado por ilustres ciudadanos. Sus obras botánicas le valieron la cátedra de la Universidad de Padua en 1595 y en 1603 fue nombrado director del Jardín Botánico de Padua, donde aclimató algunas especies procedentes del país del Nilo.

Su estancia en Egipto le trajo provecho en ambos campos, la medicina y la botánica. 

En el primero estudió las enfermedades endémicas y epidémicas de la zona (De medicina Aegyptiorum, 1591). 

En el terreno de la botánica publicó una monografía breve sobre el bálsamo (De bálsamo dialogus, 1591) y su obra más conocida, la que aquí se expone, De plantis Aegypti (1592), redactada en forma de diálogo, en el que Alpino contesta a las preguntas de M. Guilandino, el nombre italianizado del alemán Melchior Wieland, su maestro de Botánica en Padua. En la introducción los interlocutores concuerdan en la necesidad de adaptar estas plantas al hábitat europeo. La obra contiene descripciones y empleos terapéuticos de cincuenta y seis plantas autóctonas, algunas hasta entonces desconocidas para los europeos, como, por ejemplo, la planta del café. Además las distintas ediciones incluían un número considerable de imágenes; en concreto, esta, la del papiro fue la primera ilustración que se publicó en Europa de esta planta. 

El valor de la obra para el conocimiento de la flora fue reconocido por Linneo al otorgar en su honor el nombre de Alpino a un género de la familia de las Zingiberaceae, las Alpinia

El ejemplar expuesto es una edición de 1735 de la que se publicó en 1638 con las valiosas anotaciones de Joannes Vesling, médico y botánico alemán, que también había estado en El Cairo acompañando al cónsul veneciano del momento. 

En el caso del papiro Vesling en su comentario completa la descripción de Alpino y sus consideraciones sobre sus usos medicinales con citas de Plinio y Teofrasto y añade sus utilidades en otros aspectos (comestible, como ofrenda religiosa, para fabricar sandalias, cuerdas, etc.), pero entre ellas destaca su empleo como material para la escritura, que permite conservar para la posteridad los grandes avances de la humanidad.

Alpino dedicó el resto de su vida a la redacción de su obra De exoticis plantis, que publicó su hijo póstumamente en 1629.