El padre jesuita B. Teles (1596-1675), que figura como editor en esta edición, jamás salió de Portugal. Sus superiores le encargaron la reelaboración de la obra de otro jesuita portugués, Manuel de Almeida (1578-1646). Este sí había estado en Etiopía, en la misión jesuita, desde 1622 hasta 1633, año en el que el emperador Fasiladas, tras haber comenzado la persecución de los cristianos, expulsó a su orden. En África comenzó a escribir su Historia, que terminaría en la India poco antes de su muerte. En esta edición figura un mapa de Etiopía realizado por Almeida, que se considera el primero de un territorio africano realizado por un europeo.
Almeida, a su vez, contaba con los testimonios de otros jesuitas como fuente de su relato. Sin duda, el más importante era la extensa Historia de Etiopía, escrita en portugués por el jesuita español Pedro Páez (1564-1622) que, aunque no fue editada en su época, sí era conocida por sus contemporáneos y por otros escritores posteriores. Páez había salido de Portugal en 1589 rumbo a Abisinia, pero fue apresado por los turcos y sufrió siete años de cautiverio. Volvió a África en 1603, pasando 19 años en la misión jesuita. Fue hombre de confianza de los emperadores etíopes. Teles dedica a Páez las páginas 209-359 y menciona su Historia, conservada en Roma, a la que debe «la mayor parte de lo que dejamos escrito».
Los intereses de Páez no se limitaron a las actividades religiosas. En su obra se encuentra una inmensa cantidad de datos de carácter histórico y de historia natural.
Este jesuita, sin embargo, es conocido por ser el primero en dejar noticia de las fuentes del Nilo Azul, identificado con uno de los cuatro ríos que salía del bíblico jardín del Edén, el Guijón. Páez dice haber contemplado las dos lagunas donde nace el Pequeño Nilo, antes del lago Tana (en el texto con el nombre antiguo Dambea), el 21 de abril de 1618, alegrándose de ver «lo que tanto desearon antiguamente el rey Ciro y su hijo Cambises, el gran Alejandro y el famoso Julio César». Describe con detalle las lagunas, la entrada y salida en el lago y las cercanas cataratas Tisisat. El nacimiento del Nilo Blanco en el lago Victoria sería descubierto en 1862 por John H. Speke.
En esta edición la parte dedicada al Nilo ocupa los capítulos 5-7 del primer libro.
Las páginas 580-585 se dedican a otro jesuita, Jerónimo Lobo, que contempló también el nacimiento del Nilo en 1626 y dejó constancia de ello en su Itinérario. Aunque tampoco se publicó en vida del autor, constituyó una importante fuente de información para los europeos.
En 1790 fueron publicados en Edimburgo los Travels to discover the source of the Nile de James Bruce (1730-1794), en los que recoge sus viajes por el norte de África y Etiopía entre 1768 y 1773. Este escocés pretendió ser el primero en «descubrir» la fuente del Nilo Azul y afirmaba que el relato atribuido a Páez era una superchería. El bibliófilo español Ricardo Heredia, conde de Benahavís, llegó a afirmar que esta edición de 1660 es sumamente rara debido a que Bruce quiso deshacerse de todos los ejemplares para quedarse él con la gloria.
Además del mapa general de Etiopía la edición cuenta con otro más detallado de las fuentes del Nilo, en el que se aprecian los estanques, el tramo anterior al lago y su recorrido hasta unirse con el Nilo Blanco. Aunque Reverte afirma que fue J.B.B. D’Anville quien diseñó el primer mapa europeo del nacimiento del Nilo, es evidente que aquí había ya un precedente.
La portada de la edición (coloreada en este ejemplar) representa a varios patriarcas y obispos jesuitas ante el emperador de Etiopía.




