Exposición sobre la visión de Egipto a través de la historia, antes del desciframiento de los jeroglíficos

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Münster: una enciclopedia universal

Título: Cosmographia uniuersale
Fecha: 1575
Editorial / Editor: In Colonia : appresso gli heredi d'Arnoldo Byrckmanno
Signatura: BG/32527
Formato(s): Libro o monografía
Tema(s): Egipto

Nacido en Ingelheim en 1488, en 1505 Münster ingresó en la orden franciscana, y amplió sus estudios en Heidelberg, Lovaina y Tübingen. En 1529 abandona el catolicismo, se hace protestante y se instala en Basilea, ciudad en la que falleció en 1552. En la primera parte de su vida se dedicó al hebreo, editando textos y publicando gramáticas y diccionarios de esa lengua y de arameo. Pero este autor destacó también como cartógrafo, cosmógrafo y geógrafo.

En 1544 apareció en alemán su obra más importante, la Cosmografía, que pretendía ser la descripción enciclopédica de todo el mundo y todo lo contenido en él. En 1550 se publicó la edición definitiva en vida del autor, que era prácticamente una nueva obra: de las 640 páginas de la primera (con 520 ilustraciones y 24 mapas) pasó a las 1233 (con 910 ilustraciones y 54 mapas). Como es comprensible, las secciones más fiables son las dedicadas a Alemania –la más extensa– y Europa central. Combina datos recogidos por colaboradores –en 1528 había hecho una llamada “a todos los amantes de la geografía”–, con los que ofrece la literatura previa, desde la antigüedad hasta su época, que es la fuente utilizada para los lugares más exóticos.

La mezcla de lo riguroso y lo extraordinario hizo de su Cosmografía una obra muy popular y difundida, con unas 35 ediciones en varias lenguas (alemán, latín, italiano, francés, checo) entre 1544 y 1628.

En esta edición italiana, impresa en Colonia (Alemania), dedica a Egipto las páginas 1205-1225, con este prometedor inicio: “No hay en África, dividida en tantas y tan variadas provincias, una región más noble, más célebre, más antigua y más fértil y adornada con tantas ciudades, como Egipto”, cuya increíble fecundidad se debe, evidentemente, al Nilo.

Según los títulos de las secciones, Münster se ocupa de: la geografía, los reyes –con una sección final más amplia para Cleopatra–, las ciudades (Heliópolis o Tebas, Menfis, Babilonia (El Cairo), Arsinoe o la ciudad de los cocodrilos, Alejandría –con referencia al faro y a la biblioteca–), las pirámides, el laberinto, el Nilo (las inundaciones y las bocas), las costumbres y ritos, los jueces y las leyes.

En cuanto a las pirámides, aunque menciona la existencia de varias, tres son las que destacan y dos se cuentan entre las siete maravillas del mundo. Recuerda el juicio negativo de Plinio (cf. “Pirámides”) y, citando a Estrabón, da las medidas. Finalmente, recoge la tradición según la cual la tercera fue mandada construir por la prostituta Rhodope, “la cual, milagrosamente, ganó tantas riquezas con el arte meretricia”. Pasa luego a hablar del mítico laberinto –hoy sabemos que se trata del complejo situado al sur de la ciudad de Fayum atribuido a Amenemhat III (segunda mitad del s. XIX a.e.c.),– que sirvió de modelo a Dédalo para construir el suyo en Creta. En lo relativo a la historia natural le llaman la atención el bálsamo –de magnífico olor y con propiedades para la conservación de la carne–, que se cultivaba sobre todo en Materea, lugar de peregrinación, y el coral del mar Rojo. Asimismo, dedica un capítulo al cocodrilo, reverenciado en Arsinoe: su tamaño, su reproducción, la peligrosidad para los humanos y el ganado, su longevidad, etc., recordando y explicando el proverbio “lágrimas de cocodrilo”.

En la parte dedicada a las prácticas reaparece el tópico de que Egipto fue cuna del saber. Allí viajaron para aprender, entre otros, Homero, Solón, Platón, pues aun siendo gentiles, los egipcios buscaban la bondad y la honestidad. Siguen algunas notas sobre hábitos que hacen a los egipcios diferentes de otros pueblos, sobre los sacerdotes y los honores a los reyes muertos, sobre el sistema judicial y las penas. En muchos casos, y casi literalmente, su fuente es Heródoto.

Acaba la sección con una mención al culto a los animales, especialmente al ibis, que libra a los egipcios de la invasión de serpientes que el viento trae desde Arabia.

La edición está adornada con mapas e ilustraciones xilográficas, siendo los primeros diseñados por el autor. En esta sección encontramos, además de un mapa con el Nilo y el delta, imágenes para algunas ciudades (Heliópolis, El Cairo), las pirámides, un cocodrilo, algunas plantas, el faro y la biblioteca de Alejandría.