Eduard Toda i Güell, A través del Egipto, Madrid: [s.n.] (Tip. de El Progreso Editorial), 1889 (Biblioteca de Filología L/S2A 908(620) TOD tra).
Eduard Toda i Güell (Reus, 1855-1941) tras estudiar Derecho se dedicó a la carrera diplomática, fue vicecónsul en Macao, ejerció funciones consulares en Hong Kong, Cantón y Whampoa, y, finalmente, en Shanghai. Allí se dedicó al estudio de la cultura china y adquirió vastos conocimientos de numismática oriental. Formó una colección de más de diez mil monedas, a la que añadió muebles orientales y otros objetos. Posteriormente fue vicecónsul español en Egipto desde abril de 1884 a mediados de marzo de 1886.
Así pues, perteneció a esa estirpe de diplomáticos destinados en Egipto que en el siglo XIX contribuyeron al descubrimiento de grandes monumentos y al conocimiento del país en Europa, y que alimentaron los fondos de los museos europeos. En efecto, Toda i Güell, nada más volver a España en 1887 vendió una parte de la colección de objetos que había conseguido (una momia de adulto, un ataúd, cartonajes, pequeñas estatuillas halladas en las tumbas y centenares de amuletos) al Museo Arqueológico Nacional, lo que hace sospechar que la reunió con ese fin, y legó otra parte (una momia infantil y objetos de pequeño tamaño: amuletos, estatuillas, algunos fragmentos de ataúdes y varias decenas de objetos de uso cotidiano o de culto junto a fotografías y calcos) al Museo Víctor Balaguer, donde se exponen en la actualidad.
Durante su breve estancia en Egipto publicó diversos artículos para la prensa, primero sobre el Egipto contemporáneo y luego también sobre las antigüedades egipcias a las que se había aficionado. El fundamento de esta afición fue el contacto que trabó allí con miembros del Service d’Antiquités Egyptiennes, entre ellos con su director, el famoso Gaston Maspero, también director del museo Bulaq (posteriormente Museo Egipcio de El Cairo), donde Toda se retrató cubierto de vendas como una momia, foto que ha tenido gran difusión en la red y que figura en el legado que hizo al Museo Víctor Balaguer. En enero de 1886 tuvo la posibilidad de incorporarse a un viaje de inspección al Alto Egipto, en cuyo transcurso se efectuó la apertura de la tumba de Sennedjem, en Deir el-Medina, la llamada Tumba Tebana 1, el primer enterramiento encontrado íntegro de un personaje ajeno a los linajes dinásticos o a la casta sacerdotal. Su grado de participación en los trabajos arqueológicos no está claro y los especialistas oscilan entre considerarlo un mero testigo o atribuirle labores de responsabilidad.
En los años posteriores a su estancia en Egipto ejerció una gran labor de divulgación, que encuentra su culminación en el libro que se expone, A través del Egipto (1889). Toda no se limita a apuntar sus impresiones sobre el Egipto de su época, sino que introduce también análisis políticos e históricos –al fin y al cabo, era diplomático–, que reconocen el abuso por parte de las potencias europeas del territorio. Aunque eso no le hace evitar los tópicos habituales sobre el carácter de los egipcios, a los que achaca “esa indolencia y falta de sentido práctico que distingue á los pueblos orientales” (p. 16). En general gusta de ofrecer imágenes que atraigan a su público; un buen ejemplo es el capítulo IV, donde se entrega a un largo y florido relato que incluye todos los tópicos sobre Cleopatra, sus amores y su final.
Las letras capitulares y las imágenes que enriquecen el libro son obra de José Riudavets y Monjó (1840-1902), que, además de delineante y constructor de cartas de la Dirección de Hidrografía, trabajó como ilustrador y ya había colaborado con Toda en su obra La vida en el Celeste imperio, sobre su estancia en China.




