Exposición sobre la visión de Egipto a través de la historia, antes del desciframiento de los jeroglíficos

Camino del desciframiento

El egipcio ha sido una lengua viva al menos desde sus primeras atestiguaciones a mediados del III milenio a.C. hasta el s. XVI d.C. y es todavía una lengua litúrgica en uso para la Iglesia copta. Es normal que en más de cuatro mil años de documentación la escritura haya variado. Para el egipcio, sin embargo, pueden distinguirse dos grandes grupos. Por un lado, el alfabeto copto, el más reciente, es una adaptación del alfabeto griego al egipcio, desarrollando algunas letras nuevas para los sonidos inexistentes en griego. Por otro, la escritura jeroglífica es la primera que el egipcio conoce. En su forma es a menudo posible reconocer elementos del mundo real (animales, plantas, construcciones…) y se trata de la escritura propia de los textos monumentales y sagrados. La esquematización y simplificación de los signos en soportes blandos, como el papiro, acaba generando dos cursivas mejor adaptadas a la rapidez de trazos de la mano: el hierático y el demótico. Aunque la “ortografía” varía un poco, jeroglífico, hierático y demótico forman parte de un mismo sistema de escritura en el que, a diferencia de lo que se vino pensando comúnmente antes del desciframiento, la mayor parte de los signos representan sonidos y no ideas, si bien es cierto que algunos de ellos sirven para orientar el significado de la palabra: por ejemplo, unas piernas 𓂻 pueden indicar que se trata de un verbo de movimiento (no necesariamente andar).

Sin embargo, desde los autores griegos, que fueron tomados posteriormente como autoridad, se extiende la concepción errónea del carácter “alegórico” de la escritura egipcia: no es que se pensase que el jeroglífico del león 𓃭 representara solo un león, pero sí alguna idea vinculada a él, como la fuerza. A lo largo de los siglos posteriores, este prejuicio fue mayoritario, aunque de manera esporádica se dieron algunos pasos fundamentales hacia el desciframiento, como la comprensión, por parte de A. Kircher, de que el copto era una forma de egipcio. Sin embargo, la idea fundamental que alumbró el desciframiento del jeroglífico egipcio fue el reconocimiento del valor fonético de los signos, esto es, que a la mayor parte de los elementos corresponde un sonido. En ello jugó un papel fundamental la famosa “piedra de Rosetta”, un decreto de época helenística en dos lenguas (egipcio y griego) y tres escrituras (jeroglífico, demótico y griego).

A partir de la identificación de que los cartuchos en jeroglífico encerraban el nombre de monarcas y la lectura de una de ellos hecha previamente por Th. Young cotejando el texto griego, J.-F. Champollion pudo descifrar aceptablemente el sistema jeroglífico; con posterioridad, el desciframiento fue perfeccionado, un trabajo que no está agotado del todo hoy en día.

El cartucho que contiene el nombre del rey griego Ptolomeo (V, en este caso), cuya correcta interpretación fue fundamental para el desciframiento, ha de ser leído así: